Los riñones intentan compensar la insuficiencia cardíaca reteniendo sal y agua y, en consecuencia, aumentando el volumen de sangre circulante. Sin embargo, los riñones, sobre todo cuando sufren una enfermedad o no funcionan bien, también producen hormonas que mantienen el flujo sanguíneo renal incluso cuando está disminuido el gasto cardíaco. Esto significa que los riñones pueden seguir reteniendo sal y agua incluso cuando el volumen sanguíneo ha aumentado, lo que incrementa la acumulación de líquido y congestión. Esto puede crear un círculo vicioso y agravar la insuficiencia cardíaca.

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