Es posible que no siga completamente su dieta normal cuando viaje o esté de vacaciones, sobre todo si está en el extranjero. Un cambio breve en la dieta no debe afectar en exceso a su enfermedad siempre que coma con sensatez y siga limitando el consumo diario de sal. Evite las sopas, salsas, carnes preparadas y quesos muy salados y reduzca el consumo de alcohol, por ejemplo.

Evidentemente, puede llevarse ciertos alimentos en sus viajes si son convenientes y le hacen sentirse más a gusto. Si come en el extranjero, compruebe lo que puede y no puede tomar contactando con la línea aérea de su viaje o hablando con una agencia de viajes acreditada.

Si viaja a un país muy cálido, sea consciente de que el calor puede suponer una sobrecarga para su organismo, provocando que se canse más rápido y tenga más sed de lo habitual. Si modifica su consumo de líquidos o diuréticos, vigile sus síntomas y consulte al médico si no sabe lo que hay que hacer.

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