Si usted padece insuficiencia cardíaca, su corazón tiene dificultades para bombear la sangre al organismo. Esto puede ocurrir por muchos motivos, habitualmente porque tiene (o ha tenido) una enfermedad que le ha dañado el corazón (p. ej., enfermedad coronaria con un infarto de miocardio) o lo ha sometido a cargas adicionales (p. ej., hipertensión arterial).

Este daño o carga adicional puede afectar a la contracción o al llenado (relajación) del corazón y, frecuentemente a ambas funciones.

Si su corazón no se contrae como debería, no es capaz de bombear suficiente sangre de los ventrículos. Si su corazón no es capaz de vaciarse y relajarse completamente, entrará menos sangre en el corazón y, por tanto, habrá menos sangre para bombear.

La insuficiencia cardíaca tiene dos efectos principales. En primer lugar, no llega suficiente sangre al organismo, lo que puede causar fatiga. En segundo lugar, la sangre queda retenida esperando a entrar en el corazón. Esta acumulación de sangre provoca que salga líquido de los vasos sanguíneos a los tejidos circundantes. El resultado es la acumulación de líquido (normalmente en los pulmones y el abdomen) y la congestión de los pulmones.

Al principio, su organismo se adapta para intentar compensar el deficiente bombeo del corazón debilitado. Sin embargo, estas adaptaciones sólo compensan durante poco tiempo y, de hecho, a largo plazo pueden realmente aumentar la debilidad del corazón.

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