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No ha dejado que la insuficiencia cardíaca afecte a su vida y sigue como si todo fuera normal.

Decidí que la insuficiencia cardíaca no afectaría a mi vida. Disfruto de mi trabajo. Trabajo a tiempo completo y no voy a dejar de trabajar. Nunca me voy a sentar y decir: “tengo insuficiencia cardíaca. No puedo hacer esto, no puedo hacer aquello”. Así que me dije a mi misma, sigue adelante, sigue viviendo, haz lo que estabas haciendo. Y real y verdaderamente, aunque no sea igual de activa y el calor sí que me afecta, diría que he vuelto a ser como era antes, gracias a los medicamentos y gracias a un buen médico, y también al personal de enfermería de cardiología. Son geniales. Cualquier problema que tenga, sólo tengo que llamarles por teléfono. ¡Son como mis amigos! No pienso como si fuera alguien con quien uno no puede hablar, al contrario, son gente con quien se puede hablar. Aunque el especialista es encantador, y realmente me gusta, las enfermeras son las mejores, verdaderamente lo son.

Tomarme las pastillas no me presenta ningún problema, porque lo tengo controlado. Al principio no pensaba que tendría que tomármelas todo el tiempo. Pensé que una vez que fuera mejorando podría dejar de tomarlas. Pero una vez que me lo explicaron, ¿qué otra cosa puede hacer uno? Me salvó la vida, así que por supuesto que no me importa tomármelas.

Creo que la única cosa que no me gusta es que me etiqueten como que soy de las de “Ay, padece del corazón. Vamos a dejarla, ya sabes, vamos a tratarla de manera diferente”. No me traten de manera distinta. No me pasa nada. Tengo insuficiencia cardiaca, pero lo he afrontado. No me digan, ay no cojas esto, no hagas lo otro, no hagas aquello. Puedo hacer lo que quiera, tal vez un poco más despacio, pero todavía puedo hacerlo y lo voy a hacer. Puedo hacer mi trabajo y esto no me ha afectado y no pienso dejar que me afecte. No pienso en ello. Yo hago mi vida normal.